Los Derechos Humanos en la máquina del Tiempo.

Ya bien decía Aristóteles que el principio y fin último de la vida es la felicidad, y que ésta no era más que la autorrealización de cada uno de nosotros dentro de la gran colectividad a la que pertenecemos (Aristóteles, trad. 1595). La idea de ese gran pensador de la antigua Grecia, ha calado en la historia, episodio tras episodio, ha tomado otras formas y ha sido abordada desde diversos campos, ha sido olvidada y retomada, sin embargo, pese a los altibajos históricos, la consecución de tal fin ha buscado incontables vías para lograr ser real y tangible.

Es así como, de la mano de los tiempos, ha avanzado la idea que motiva la búsqueda de dicha felicidad, y el desarrollo de sus connotaciones, que nos hacen caer en cuenta que para lograrla es necesario realizar la promoción y materialización de proyectos que permitan llegar a colmar las distintas expectativas de la vida de los seres humanos, que propendan al bienestar común y a la salvaguarda de su dignidad, libertad, respeto, igualdad, ya que, sin lograr su plenitud  es imposible colmar ese tan anhelado estado. Pero ¿qué tan consciente y comprometida ha estado la humanidad en esta búsqueda?, ¿continúa vigente en nuestra actualidad la concepción que tenían nuestros antepasados sobre el concepto de Derechos Humanos? Al día de hoy, la misma historia nos da la respuesta y nos dice que aún estamos a gran distancia de lograr alcanzar dicho propósito, que ya hemos avanzado al lograr tomar consciencia de que somos ciudadanos universales, pero que todavía estamos a mitad de camino porque el día a día implica nuevos retos conceptuales y prácticos que suponen una nueva mirada al carácter histórico de los Derechos Humanos.

Desde que el hombre empezó a cuestionarse a sí mismo, descubrió que esa racionalidad que lo caracterizaba, hacía de él un sujeto diferente al resto de los seres que habitaban este planeta, y que por ende la manera de ser y convivir con sus semejantes debía ser observada y practicada desde otro ángulo. No obstante, la coexistencia de la humanidad, se ha visto marcada por injusticias y barbaries que, si bien en muchos casos han sido generales, fueron acentuadas sobre los más vulnerables. En la Roma antigua, v.gr., siendo en su época una de las estructuras sociales y políticas más avanzadas, al tener una codificación contemplativa de normas respecto al comportamiento y las relaciones de sus ciudadanos e integrantes, la llamada Ley de las XII Tablas, existía la gran brecha divisoria entre los más privilegiados y los abruptamente rechazados y utilizados en la sociedad, que entre otros, fueron los esclavos, las mujeres, los niños y las personas que por una u otra causa biológica se encontraban en alguna situación de discapacidad o malformación física, etc. (Amnistía Internacional Catalunya, Grup d’ Educació., 2009)

Es increíble que constantes como esta, se hayan ido repitiendo generación tras generación en todos los rincones y escenarios, que incluso existen en el presente, espacios de tiempo y lugar que le dan al concepto de Derechos Humanos un significado diferente según el contexto temporal y espacial, en el que es normal que poblaciones enteras sean discriminadas y maltratadas por razones de su origen, color de piel, sexo, creencia, religión, estatus económico, etc. Estas situaciones siempre chocaban con los ideales de estos desdichados, que de a poco fueron despertando en su lucha por lograr que fueran tenidos en cuenta como sujetos merecedores de un trato digno y justo, luchaban por los Derechos Humanos sin saber que lo eran, pero sabían que les pertenecían, desencadenando los grandes enfrentamientos entre las partes fragmentadas de cada conglomerado, que fueron por un lado los privilegiados y por el otro los que soñaban con que algún día existiera igualdad.

Si vamos a aterrizar un poco en sus contextos históricos,  se debe precisar que el origen de los Derechos Humanos no es de carácter exclusivamente occidental, ni tampoco data de un espacio de tiempo determinado, pues, en la concepción de estos, no fueron clave sólo los Estados Europeos, sino también Estados pertenecientes a todos los continentes, pues en cada uno de estos a lo largo del tiempo se vivieron situaciones particulares y paralelas que dieron como resultado una pugna por la proclamación de las garantías individuales, que si bien no tenían los mismos orígenes, en esencia era una lucha por reivindicar los derechos y libertades de cada individuo. (Amnistía Internacional Catalunya, Grup d’ Educació., 2009)

El carácter histórico de los Derechos Humanos pone de presente que según y el lugar y el tiempo, esta concepción tendrá un significado diferente.  Así, ya podemos traer a colación, que entre otras, sus bases históricas, políticas e ideológicas se encuentran en Inglaterra, Norteamérica y Francia. En Inglaterra tuvo lugar el surgimiento del acceso a importantes mecanismos de protección a las libertades individuales como el Habeas Corpus Act, en 1679,  que buscaba proteger a los ciudadanos de las detenciones arbitrarias e injustificadas y por fuera de la ley; también en 1689 —The Bill of Rights—, que contenía postulados como el derecho de petición al rey, libertad de expresión, ilegalidad de las leyes, etc. (Ortíz, 2015). En Estados Unidos, por su parte, producto de la Revolución Norteamericana, el 12 de junio de 1776, fue proclamada la Declaración de Derechos de Virginia, un compilado de 16 artículos que promulgaba los derechos a la igualdad, libertad, legalidad, defensa e intimidad, etc. (Declaración de Derechos de Virginia, 1776). Las características de esta declaración la convirtieron en un documento sin precedentes e influyente para las generaciones venideras. En la Francia del Siglo XVIII, como contaría el anarquista Kropotkin (1909), dentro del pueblo germinaban dos grandes pensamientos, por una parte, las sendas ideas que abarcaban una nueva organización política estatal, que llegaban en gran parte de Norteamérica, y por otra, la intención de mejorar las condiciones económicas de los franceses, yendo más allá del despilfarro al que estaban acostumbrados por la Monarquía.

Dichos pensamientos, sumados a diversas corrientes filosóficas, dieron origen al levantamiento de las masas en contra del sistema que reinaba en la Francia de ese entonces, y se dio paso a la Revolución Francesa, motivados todos los revolucionarios a conseguir un cambio en la concepción del Estado y el estatus de los ciudadanos dentro de éste. Dentro de esta Revolución, también florecía la idea de una Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que, como sostendría Kropotkin: “No serían solamente bellas palabras: serían una previsión del porvenir que se aspiraba a conquistar; y bajo la forma solemne de una declaración de derechos, hecha por todo un pueblo, esta previsión tendría la significación de un juramento nacional” (Kropotkin, 1909). Esta Declaración, de fecha 26 de agosto de 1789, desarrolló 17 principios que constituyeron los derechos fundamentales de cada individuo, pero, como apuntaría acertadamente Ortíz Galvis (2015), lo que la hizo consagrarse en la historia, fue su universalidad, la manera en la que le atribuyó estos derechos a la naturaleza humana.

Estas declaraciones, sumadas con muchos otros documentos que fueron soporte y fuente, le dieron forma a lo que hoy conocemos como Derechos Humanos, fueron su antecedente material, político y jurídico, que permitió ir más allá del acostumbrado derecho privado, que dio el primer paso al otorgarle al hombre, el título y poder sobre las garantías a las que se hace acreedor por su naturaleza, un ser dotado de libertad, que merece ser tratado con igualdad, dignidad, solidaridad y fraternidad, y del cual emana el poder.

Ya en el siglo XX, un siglo de avances sociales, tecnológicos y políticos, el presente llevaba un nuevo rumbo y con él, el enfoque de los Estados. Sin embargo, este siglo se vio manchado por la ocurrencia de dos de los eventos más sangrientos e inhumanos jamás vistos, que marcaron un antes y un después en la manera de contar la historia. Se trató de las dos Guerras Mundiales, pugnas violentas que dejaron heridas profundas en la memoria del mundo que aún no han podido cicatrizar.  La primera, la Gran Guerra así llamada por los historiadores, cuyo inicio data de 1914 y su fin del año de 1918, se causó por la competencia de los Estados por ejercer más poder sobre los territorios y sobre la economía. Al llegar a su fin, fue creada la Sociedad de las Naciones en 1919, una organización que reuniera las voluntades de todos los Estados, y mediara ante las diferencias que existiesen entre unos y otros, previniendo así la ocurrencia de nuevas catástrofes a través del diálogo y la concertación. Pero esa Sociedad Universal, resistió tan sólo 20 años, no pudo evitar la inminente Segunda Guerra Mundial, porque sí, una sola Guerra no bastó. Estos conflictos bélicos han sido los más sangrientos de la historia, terminaron sobre sus hombros con la responsabilidad de millones de muertes civiles, holocaustos, genocidios, y experimentos que degradaron a la raza humana hasta llevarla a su más miserable existencia, conmocionando al planeta y obligándolo a replantear sus posturas frente al respeto a los Derechos Humanos y la soberanía de los pueblos.

El mundo ya no resistía más, incluso los participantes en la Guerra, pensaban en lo poco que serviría ganar esa contienda sin las garantías de que no se repitiera, es por esos pensamientos que en medio del caos, surgió la idea de, en primer lugar aliarse para derrotar a los países que continuaban expandiendo la guerra, y, en segundo lugar, cortar de raíz las causas de un futuro conflicto bélico, para asegurarse de que la paz duradera llegaría para quedarse (Organizacion de las Naciones Unidas, s.f.). Llevados por esta idea, dieron nacimiento a las Naciones Unidas, una organización global que se encargaría de preservar la paz y la seguridad internacionales, el respeto por el principio de igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos, y, la cooperación internacional,  si bien entre sus cometidos primordiales  no se encuentra la protección de los Derechos Humanos, ésta organización ha asumido esa labor como un elemento esencial de su misión, comoquiera que son la base de la construcción de la dignidad, sin la cual no se puede lograr que se materialicen sus propósitos de paz y seguridad mundial (Ridruejo & Alvarado, 2014). Dentro de sus declaraciones está documento cumbre, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un instrumento jurídico global, que positiviza los Derechos Humanos y hace su cumplimiento coercitivo para todos los Estados sin perjuicio de su cultura, ubicación geográfica o modelo de gobierno.

Es tan claro como las circunstancias del momento histórico en el cual tuvieron lugar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no son las mismas de la actualidad. Las necesidades, como las costumbres eran otras, y lo seguirán siendo. Sus constructores y defensores tienen en el presente el reto de adaptar la concepción que se tiene de los Derechos Humanos a nuestro tiempo. Antes, violar la intimidad estaba limitado entre los pocos casos a entrar a la propiedad privada de alguien, pero ahora, se viola la intimidad de una persona incluso sin tocar la puerta de su casa, a millones de kilómetros de distancia a través de una computadora. La tecnología móvil, la internet, la automatización de las tareas humanas a través de robots, aparatos, computadoras, demuestran que en nuestros días el concepto y la práctica de nuestros derechos es muy diferente al que tenían nuestros abuelos que presenciaron el 10 de diciembre de 1948.

Y es que este concepto que teníamos en el ayer, definitivamente se quedó allí, los Derechos Humanos todos los días cambian, esto se nota sólo con ver cómo el cuidado del medio ambiente, la promoción de mecanismos que lo protejan tales como el reciclaje, el cuidado de los océanos, la protección estatal de las selvas, implican una relación directa con nuestros Derechos.

Lamentablemente también, los sistemas internacionales se han enfocado más en la creación de normas que en la mismísima protección o aplicación, estando de acuerdo con la teoría de Bidart Campos (1991) donde manifiesta que, “el derecho reviste una estructura normativa, pero no es solamente un sistema de normas, no podemos sostener que la positividad del derecho consiste en “poner” normas en el mundo jurídico, si luego esas normas no alcanzan eficacia, no adquieren observancia, no son obedecidas, no funcionan en la dimensión sociológica de las conductas humanas” (p.53.) Se necesita que además de lo escrito en el papel haya compromiso de las Naciones por llevarlo a cabo, dejar a un lado la negligencia, darle la importancia que se merece al tema, dejar a un lado las tendencias de soberanía omnipotente y empezar a tomar conciencia sobre los nuevos desafíos que trae este siglo, y hacer normas ajustadas a nuestro tiempo, a nuestro alcance, dejar el simbolismo y la hermosura de los Derechos Humanos a un lado para darle forma en la realidad. Todo esto me lleva a formular una pregunta para reflexionar ¿Seguirán siendo exclusivamente humanos los Derechos Humanos?

Referencias

Aristóteles. (trad. 1595). Ética a Nicómaco.

Amnistía Internacional Catalunya, Grup d’ Educació. (2009). Historia de los Derechos Humanos. Recuperado el 8 de septiembre de 2017, de Amnistía Internacional Catalunya: http://www.amnistiacatalunya.org/edu/pdf/historia/dudh-historia.pdf

Ortíz, L. G. (2015). Comprensión de los Derechos Humanos. Bogotá D.C., Cundinamarca, Colombia: Ediciones Aurora.

Kropotkin, P. (1909). La Grande Revolution – 1789 – 1793. (A. Lorenzo, Trad.) París, Francia: P.-V. Stock Éditeur.

Organizacion de las Naciones Unidas. (s.f.). 1941: The Declaration of St. James’ Palace. Recuperado el septiembre de 6 de 2017, de United Nations: http://www.un.org/en/sections/history-united-nations-charter/1941-declaration-st-james-palace/index.html

Ridruejo, J. P., & Alvarado, P. A. (2014). Los Sistemas Internacionales de protección de los Derechos Humanos. Bogotá D.C., Colombia: Universidad Externado de Colombia.

Campos, G. J. (1991). Teoría General de los Derechos Humanos. Buenos Aires, Argentina: Editorial Astrea SRL.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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