Feminismo: de los mitos a las verdades.

Muchas veces una palabra indeseada, censurada y rechazada, que cuando es oída por muchos tiende a ser objeto de discusiones, desacuerdos y hasta insultos. Definida por la RAE, la palabra feminismo significa “principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre[1], aunque ya es claramente un término popular, aún lleva a confundirse a la mayoría de hombres y mujeres, y es por lo que, cada vez que nace una o un feminista en el mundo, se piensa que es una persona que sólo quiere ver el mundo arder y que en ese ardor se incluya a todo el género masculino.

Pues bien, alrededor del feminismo se han construido tantas mentiras como se ha podido, que no han hecho más que satanizar al movimiento, y a sus seguidores.

Después de haber hecho un buen estudio sobre el tema, me quedó claro que existen muchos mitos alrededor de este, y esa es la razón por la que hay tantos confundidos y a la vez rechazando el activismo feminista. Así que, antes de empezar a despejar algunas dudas, me gustaría aclarar que no existe un feminismo universal comprendido como un movimiento compacto y homogéneo y en el que todos sus defensores están de acuerdo. Pues no, sobre el tema se han escrito infinitos textos y con teorías ampliamente explicadas, una diferente de la otra, por lo que hay más de una corriente feminista y en cada una existe una concepción e ideales diferentes, que tienen un propósito diferente también.

Dicho lo anterior, les contaré que, entre la diversa clasificación, existen tres principales corrientes feministas y son, a saber: el feminismo de la igualdad, el feminismo de la diferencia y el feminismo radical.

El feminismo de la igualdad, el primero del que se tiene registros documentales, preconiza que las mujeres deben tener igualdad de derechos que los hombres, y crítica en gran medida la diferencia en el estatus jurídico, político, económico y social de hombres y mujeres, sus ideales perseguidos eran lograr una igualdad en los derechos de ambos sexos e igualdad en la educación. Esta corriente feminista nunca ha buscado oprimir, reprimir, ni suprimir al sexo masculino, ni tampoco manifestó abiertamente el odio hacia este género.

Sus inicios fueron principalmente en la Inglaterra y Francia de los siglos XVIII y XIX. El siglo XVIII, mismo siglo de la Revolución Francesa, en la que no sólo los hombres fueron los participantes de las protestas y la lucha por la caída de la monarquía. Las mujeres también lo hicieron y de una manera muy importante, por lo que muchas, entre ellas Olympe de Gouges, esperaban que al triunfar la Revolución les fueran reconocidos sus derechos de la misma manera que a los hombres, sin embargo, en ninguna declaración de Derechos, ni en Francia -ni en el mundo- se había considerado a las mujeres. De Gouges, consideraba injusto que la mitad de la sociedad fuera excluida del proceso revolucionario que inició años atrás. Ante su inconformismo, en 1971 publicó la adaptación crítica a La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y la convirtió en La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, que basicamente consistió en añadir al articulado del texto, las palabras “mujer” y “ciudadana” y adaptarlos para que hubiese una igualdad de derechos y obligaciones entre las personas de ambos sexos sin ninguna distinción ante la ley, sin embargo esta adaptación no hizo más que comprobar que sustituir la palabra `hombre´por la de `mujer´no equiparaba las declaraciones.[2]

En Inglaterra por su parte, Mary Wollstonecraft, -que por cierto, es la madre de Mary Shelley, la escritora de Frankestein-, criticaba duramente el rol de la mujer en la sociedad de aquél entonces. Escribió varios ensayos conocidos como los pioneros en la historia del feminismo, y por los cuales se le llama a ella misma la madre del movimiento feminista. En dichos textos, llamados Vindicación de los Derechos de la Mujer y Reflexiones sobre la educación de las hijas, Wollstonecraft se vuelca en contra de la postura tradicional de la formación educativa de las mujeres, y atribuía la estrechez mental de la mente femenina, al poco acceso que tenían a los medios de superación y a la educación, y que en caso de tenerlo, no era más que una educación que las haría esclavas y sometidas a los prejuicios de la sociedad y a los falsos estándares medidos por su comportamiento ante sus esposos. En sus textos atacaba duramente la postura de filósofos franceses como Rosseau, quien aseguraba que la educación que debía recibir la mujer era simplemente aquella que le facilitara realizar las labores domésticas, las que les llevarían a ser buenas esposas y complacer a sus hombres.[3]

En cuanto al feminismo de la diferencia, debo decir que no es una antitesis del feminismo de la igualdad, pues no son contrarios conceptualmente. Sin embargo, es un complemento sustancial y crítico a este, teniendo en cuenta que los ideales que perseguía esta corriente eran los de diferenciación entre hombres y mujeres, en otras palabras, tener lo mismo que tenían los hombres significaba poner su condición masculina en un pedestal y desdibujar las caracteristicas que hacen distintos a los dos sexos, y, por lo tanto, quitarle protagonismo al género femenino, por dárselo al masculino. Es así como en los años 60s y 70s, nació la corriente feminista cuyos ideales eran la igualdad de derechos, sí, pero, en medio de lo que representaba la diferencia sexual, respetando la naturaleza de cada uno y, resaltando las cualidades de la mujer, significando esto, en palabras de Victoria Sendón de León, que “los derechos debían surgir en cuanto a lo que marcaban las diferencias, las necesidades y los deseos particulares de las mujeres”[4], y no siguiendo el patrón del sujeto universal de derechos que era mas bien masculino.

Este movimiento con presencia en Italia, Estados Unidos, España y Francia en su mayor parte, tuvo autoras muy importantes e influyentes como Virginia Wolf, Luce Irigaray, Luisa Muraro, Victoria Sendón de León y Milagros Rivera Garretas.

Y el más polémico, el feminismo radical, llamado así porque su propósito es encontrar la raíz de la desigualdad social entre el hombre y la mujer y de la dominación de áquel sobre esta, es el feminismo del que la mayoría ha escuchado hablar y es popular por tener unas posturas no negociables respecto de su tesis, las cuales me parecen bastante interesantes.

Nacido en los años sesenta también, en plena agitación política, y en medio de tantos movimientos contraculturales como el pacifismo y antirracismo, que no estaban interesados en la política reformista de los grandes partidos, sino en formar nuevas formas de vida[5], el feminismo radical fue producto de las reuniones que las mujeres decidieron tener solas y por su cuenta, separadas de los hombres. Su postura, recogida en libros como La política sexual de Kate Millet, La dialéctica del Sexo, de Shulamith Firestone, defiende que la represión a la mujer es producto del patriarcado, definido como un sistema de dominación sexual del hombre sobre la mujer, a partir del cual también surgen las otras dominaciones en la esfera política, social, cultural, aún mas en las esferas privadas y de las que todo el género masculino se favorecen económica, pólitica, sexual y psicológicamente.

La palabra patriarcado en su definición literal significa “gobierno de los padres”, pero en términos acuñados por el feminismo radical, puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–politicas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia[6].

Además de patriarcado, el feminismo radical introduce el concepto género como una construcción social, y no biológica, que debe ser completamente abolida, por atribuirle carácteristicas y comportamientos especificos a cada sexo al nacer, lo que significaría que tanto el hombre, como la mujer, se encuentran encapsulados en dicha construcción, que no hace más que limitar su libertad y la llena de estereotipos, por el deber de comportarse, de pensar, de actuar, de vestir de una u otra forma por el sexo que le fue asignado al nacer.

Aparte del patriarcado y el género, hay algo mas que el feminismo radical notó que figura como opresor de la mujer, aquello llamado la casta sexual, que no es más que el término que se usa en la sociedad para definir la superioridad del hombre, siendo las mujeres inferiores en la jerarquía social, y de la misma manera en todos sus roles.

Este movimiento radical, en comparación del feminismo de la igualdad y de la diferencia, decidió no quedarse sentado esperando a que los hombres se compadecieran y a cuenta gotas les otorgaran lo que por naturaleza les corresponde, así que tomaron la decisión de llevar su activismo un paso adelante y se convirtieron en unas protestantes y manifestantes públicas, ridiculizadoras de los patrones patriarcales sociales. Llevaron sus postulados hasta las plazas públicas y abiertas, haciéndole frente a través del sabotaje que buscaban dejar en entredicho la realidad a la que estaban sometidas las mujeres. Sin duda es el movimiento que ha hecho popular al feminismo y el que le ha hecho ganar tanto adeptos como detractores.

Les puedo decir que aparte de esta clasificación, hay al menos 5 clases más de feminismo que buscaré abordar en un próximo artículo, pero, mientras tanto quería aterrizar un poco las teorías de las que todos hablan, pero muy pocos parecen conocer a fondo. Como mujer, creo que el respeto a la mujer debería ser cierto e indiscutible, dado por sentado y sin tanto ajetreo de por medio, sin embargo estas posturas me llevan a reflexionar sobre el rol real que tenemos hoy en día. El feminismo, desde mi postura personal, no debe ser encarado como el anticristo, debe más bien, ser estudiado para llegar al fondo de lo que lo originó. Debería ser tarea de todos tratar de cambiar el comportamiento social que nos ha llevado a replantearnos las estructuras, y eso, les digo, puede ser real sin necesidad de apegarse a ninguna teoría feminista, o machista. Nace más bien de la simpatía que tengamos con darle un giro a la realidad, donde sin mentir, muchas mujeres están siendo víctimas aún.

 

Referencias.

[1] “Feminismo”. Def. 1m. Diccionario de la Real Academia Española. 2018

[2] Cereda, E. (2015). La Reivindicación de la Mujer de Olympe de Gouges a Flora Tristán (Tesis de pregrado). Universidad de la Rioja, Logroño, España.

[3]Wollstonecraft, Mary. (1792). A Vindication of Rights of Woman. Boston, Estados Unidos.

[4] Sendon, V. ¿Qué es el feminismo de la diferencia? (Una visión muy personal). Disponible en la web: http://xenero.webs.uvigo.es/profesorado/purificacion_mayobre/feminismo.pdf

[5] De Miguel, A. (2000). Los feminismos. Disponible en la web: http://acoca2.blogs.uv.es/files/2013/12/Los-feminismos.pdf

[6] Fontenla, M. (2008). ¿Qué es el patriarcado?. Diccionario de Estudios de Género y Feminismos. Disponible en la web: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1396

3 thoughts on “Feminismo: de los mitos a las verdades.

  1. Dalia says:

    Excelente artículo! Necesitamos mas mujeres empoderadas y que luchemos por nuestros derechos, sobre todo en la costa que aun se ve muy demarcado el machismo y patriarcado. Yo soy tu fan 🙋‍♀️ bloguera favorita.

    Liked by 1 person

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